Mi parto

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Des de que me quedaba poco a dar a luz hasta a día de hoy, me gusta leer historias de otros partos, así que aquí os dejo la historia de cómo fue mi parto, por si os puede interesar o me queréis preguntar algo al respecto.

En mi caso, fue una cesárea electiva, ya había cumplido las 40 semanas de embarazo y Martina parece que no tenía intención ninguna de salir, ya que con un tacto la ginecóloga pudo comprobar que no estaba bien colocada, ni tampoco tenía contracciones… Las opciones que tenía era esperar a la niña quisiera salir por su cuenta, inducir el parto o programar una cesárea. La primera opción no era viable, estaba con una barriga enorme, me costaba moverme y me sentía muy pesada, así que no contemplaba esa opción…La opción de inducir el parto corría el riesgo de que por mucho que lo intentáramos, no me pusiera de parto y finalmente, la opción de programar una cesárea era la que nos convencía más.

Concertamos la cesárea para el día siguiente por la mañana, estábamos muy nerviosos los dos y casi no dormimos nada esa noche (aunque yo al final del embarazo casi no dormía ninguna noche). Cuando llegó el momento, fuimos al hospital y una vez hecho el papeleo, nos acompañaron al quirófano. Allí dejamos nuestras cosas y nos pusimos las batas, tanto mi pareja como yo. No me puse nerviosa hasta que llegamos al quirófano y me tumbaron en la camilla, supongo que al ver todos los aparatos me sentí intimidada y me di cuenta de que ¡la cosa iba en serio! El personal que nos atendió fue muy amable, cosa que agradezco mucho, porque contribuyeron a que me sintiera a gusto y bien atendida en todo momento. Me empezaron a poner la vía, ahí ya me mareé, supongo que por los nervios, y mi tensión también estaba muy alta, por lo mismo. Luego vino el anestesista, me explicó que me pondría la anestesia y después de hacerme un par de preguntar se puso detrás de mí para empezar a pincharme. Fue una sensación horrible, unos pinchazos que me hicieron doblar la espalda, aunque me decían que tenía que estarme quieta…Cuando terminó de pincharme, me tumbaron y pusieron la cortina para que no viera la intervención, una vez todo listo para empezar, pudo entrar mi pareja, que estaba esperando fuera. 

No me di cuenta cuando empezaron porque no noté nada, así que me tranquilicé. La doctora nos iba contando lo que estaba ocurriendo, fue todo muy rápido, en nada nos dijo que ya veía a la niña, que tenía mucho pelo en la cabeza y que en unos segundos la oiríamos llorar. Así fue, en nada oímos su primer llanto y luego la vimos la ella…fue una sensación que nunca olvidaremos, aunque cuando dicen que te enamoras a primera vista de tu bebé cuando lo ves, en nuestro caso no fue así. Martina cuando nació (y todos los demás bebés) tenía un tono de piel azulado y estaba bastante hinchada, cuando la vimos por primera vez fue más bien sorpresa, asombro, felicidad, una mezcla de sensaciones que cuesta explicar con palabras. Creo que por mucho que te imagines este momento en tu cabeza, nunca es como te lo habías imaginado. 

Enseguida me la pusieron a mi lado, al lado de mi cabeza, pero tenía cables por mis brazos y apenas la pude tocar. Me sentía contenta por tenerla por fin con nosotros, pero abrumada por estar en un quirófano y con ganas ya de salir de ahí y poder conocer por fin a mi hija tranquilamente.

Lo peor para mi vino después, se llevaron a la niña para pesarla y hacerle los cuidados rutinarios, mientras a mí me estaban cosiendo el corte. De repente me di cuenta de que no sentía mis piernas, me sentía como que me había quedado sin piernas y me vino mucha ansiedad. Empecé a gritar “mis piernas, no me las siento”, me puse muy nerviosa, intenté moverlas y nada, así que moví los brazos y ahí tuvieron que parar de coserme y me intentaron tranquilizar diciendo que es normal y que pronto se me pasaría…pero no fue hasta que vino el anestesista y me puso más anestesia que me calmé…  Recuerdo este momento con mucha angustia, porque la pasé realmente mal. Cuando me acabaron de coser, me incorporaron un poco y me empezó a temblar la boca, me dijeron que era normal por la anestesia. Al cabo de poco empecé a sentir un poco mis piernas, cosa que me alivió mucho. Le pedía a mi pareja que me las fuera tocando, porque así las notaba un poco más y eso me iba bien. 

Me volvieron a traer a Martina y le di un poco el pecho, el estar con ella hizo que se me olvidara la mala experiencia y que por todo lo que había pasado valiera la pena.

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